Tras acomodarnos un poco en el albergue (descargar mochilas y darnos una ducha con agua fria), hemos salido a dar un paseo por Astorga. Yo, he aprovechado para comprar chocolate, muy tipico de allí, ya que lo hacen de muchos sabores y colores, y lo rellenan con almentras, nueces, avellanas o cacahuetes; En mi caso lo he comprado de Chocolate con sabor a menta, y con relleno de avellanas y nueces… de forma que puede servir para recuperar fuerzas durante el camino, no solo por el azucar, sino también por los frutos secos.

Destacar que Astorga es un pueblo bastante grande, con multitud de bancos, alguna caja, y muchas muchas tiendas de chocolate tradicional, souvenirs, y algúnas de tipo ‘chinos’, donde Salar ha comprado una braga para el cuello.

Tras esto, hemos decidido que era buen momento para ir a cenar, y hoy no tocaba ir al supermercado… Por fin una buena cena (pizza de bacon, jamon, gambas champiñones, y algo más que ahora mismo no recuerdo; y una ensalada con tomate, pimientos rojos, aceitunas, anchoas y mozzarella) regada con un buen caldo de la tierra.

Sobre el albergue… Horriblemente situado tras dos rampas durisimas, que a Garnica le han acabado de machacar las piernas tras un largo dia, y horriblemente diseñado en varios pisos… aunque por lo menos no es uno de estos como una gran habitación con muchisimas camas, sino que está organizado por habitaciones de 2, 4 o 6 camas. La ducha fria, para no faltar a la tradición.
Por suerte, una habitación de 4 para nosotros tres, y un canadiense que no hablaba nada de español, y que estaba esperando a otras 10 personas con las que habia quedado para hacer El Camino. Afortunadamente era simpatiquisimo y no roncó ni movió un dedo en toda la noche, con lo que conciliar el sueño fué más fácil que los dias anteriores…

A destacar del albergue de Astorga, un papel que podías coger a la entrada, con tonos azulados y amarillos, están todos los perfiles de todas las etapas restantes hasta Santiago de Compostela, así como los quilometrajes totales y parciales ¡una gozada!